Enfermedades de Transmisión Sexual. SIDA

El sida es la ETS más grave, y está producida por el VIH. Este virus infecta y destruye las células del sistema inmunológico, que es el encargado de defender al organismo de las infecciones.

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La infección por el virus del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) produce, en su etapa final, un grave deterioro del sistema inmunitario conocido como SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). El 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, en conmemoración del primer caso diagnosticado este día de 1981.

En todo el mundo, millones de personas de todas las condiciones conviven con esta enfermedad: el SIDA no distingue edad, raza, cultura, sexo, hábitos de vida o estrato social. Es una de las más importantes causas de muerte, aunque el pronóstico de la enfermedad, si se recibe el tratamiento adecuado, es mucho mejor que hace unos años.

El virus VIH ataca al sistema inmunitario del individuo infectado, ocasionándole una gran vulnerabilidad ante muchas infecciones y tipos de cáncer. Así, muchos microorganismos que en personas no infectadas no supondrán ningún problema de salud, para el paciente con SIDA pueden llegar a ser mortales.

Cómo se contagia

El contagio de este virus se ha demostrado únicamente a través del contacto directo con la sangre, semen, flujos vaginales y leche materna. Aunque el virus pueda estar presente en otras secreciones y fluidos del organismo del paciente, en ningún caso se ha objetivado la transmisión del virus entre personas a través de ellos. Por ello, se considera que el virus únicamente se puede transmitir (contagiar) a través del contacto sexual (sexo oral, vaginal o anal), de la sangre (transfusiones o compartir agujas), entre madres infectadas y sus hijos (durante el embarazo o la lactancia); otros medios de propagación son excepcionales: pinchazos accidentales con agujas infectadas, inseminación artificial con semen infectado o trasplante de órganos infectados.

El contagio no puede darse a través de contacto casuales como abrazos, con la donación de sangre u órganos, a través de picaduras de mosquitos o al realizar deporte con personas infectadas.

Las personas con mayor riesgo de contraer la infección son los adictos a drogas por vía parenteral (si comparten agujas con otros drogadictos), los bebés nacidos de madres infectadas (si no recibieron tratamiento durante el embarazo), las personas que realizan prácticas sexuales sin protección con personas infectadas (o que desconozcan su condición de infectados) y sus parejas sexuales y personas que recibieron transfusiones de sangre o hemoderivados entre 1977 y 1985 (momento en que el conocimiento de la enfermedad permitió analizar la sangre que se utiliza).

Síntomas

El período de incubación del SIDA, desde el momento de la infección hasta la aparición de la enfermedad clínica puede ser de hasta 10 años o más y durante este tiempo la persona puede, sin saberlo, estar contagiando a todas sus parejas sexuales. En general, la infección por el virus VIH no da ninguna clínica; en algunos casos puede manifestarse un cuadro clínico parecido a la gripe al cabo de 2-4 semanas después del contagio (síndrome retroviral agudo).

Si la infección se detecta de modo precoz (antes del deterioro importante del sistema inmunitario) y se aplica el tratamiento oportuno, la infección puede tratarse y evitarse en muchos casos la aparición del SIDA y todas sus consecuencias.

Diagnóstico

Se determina la infección por VIH mediante analítica en sangre. El diagnóstico de SIDA se da cuando hay serología VIH positiva en sangre y además se observa una cifra de linfocitos CD4 bajo, aunque el paciente no presente ninguna infección oportunista; también se diagnostica SIDA si el paciente presenta una infección considerada oportunista o un cáncer de los que comúnmente se presentan en personas con SIDA. También se puede determinar el nivel de ácido ribonucleico (RNA) del virus en la sangre de las personas infectadas, para monitorizar la cantidad de virus circulante en los pacientes.

Tratamiento

Sin tratamiento, casi todos los individuos infectados desarrollarán SIDA.

La enfermedad clínica aparece cuando el sistema inmunitario pierde su eficacia y comienzan a aparecer infecciones que comúnmente no aparecen en las personas sanas (infecciones oportunistas), y éstas son más difíciles de curar y recidivan con mucha facilidad.

En la actualidad no se conoce tratamiento capaz de curar la infección, pero los tratamientos disponibles pueden convertir esta enfermedad en crónica y los pacientes podrían llegar a tener una esperanza de vida análoga al resto de la población si el tratamiento es efectivo y no aparecen efectos secundarios de la medicación.

Los fármacos antirretrovirales inhiben la replicación del virus VIH en el organismo del paciente, y así el efecto sobre su sistema inmunitario es mucho menor. Sin embargo, de momento es un tratamiento crónico necesario de por vida en todos los casos.

Prevención

La prevención es la única actuación efectiva para evitar la infección por VIH: no utilizar drogas y nunca compartir agujas ni jeringas, evitar el contacto con la sangre de otras personas y realizar actividades sexuales con protección.

Las personas que son seropositivas al VIH, no deben donar sangre, plasma, semen u órganos, deben informar a todas sus parejas sexuales de su condición de seropositivo y no intercambiar fluidos corporales durante las actividades sexuales, además de utilizar protección efectiva (preservativos) durante toda la relación, aunque no son efectivos en todos los casos.

Las mujeres seropositivas necesitan seguir medicación para intentar evitar la transmisión de la infección al feto, así como no realizar la lactancia después del alumbramiento.

Ante cualquier sospecha de poder haber sido infectado por el virus VIH, es imprescindible acudir al servicio médico para detectar la infección tan pronto como sea posible.

Dra. Elisabeth Herrero Vila y Dr. Jordi Esquirol Caussa - Especialistas en Medicina Familiar y Preventiva - Médicos Colaboradores de Advance Medical

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